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Agilidad Organizacional: ¿rápido o más rápido?

El reto de las organizaciones de cambiar al compas del mercado

Para finales de los 70, seguramente ningún técnico de la Fórmula 1 pensaría que hacer por lo menos 3 paradas en los pits sería una forma de asegurar ganar una competencia. La realidad es que las dinámicas de los pit-stop han cambiado mucho, y hoy en día se cambian los neumáticos y se llena el tanque de combustible en un tiempo record de sólo 2,13 segundos.

Estos cambios no han sido fortuitos, han sido el resultado de la implementación de nuevas tecnologías, de la coordinación de equipos eficientes de trabajo, de cambios en las normativas de la competencia, entre otros factores tanto externos como internos de los equipos, los cuales han permitido que ahora disfrutemos un espectáculo de mayor calidad y expectativas.

Esta misma dinámica, se ha extrapolado a otros escenarios: a los organizacionales, donde podemos ver cómo las empresas son constantemente invitadas a mejorar sus procesos y productos, haciendo frente a los retos que demanda el mercado en el corto tiempo, lo cual se traduce en la necesidad de ser flexibles, creativas, perceptivas y audaces en la toma de decisiones, que finalmente será lo que dará cuenta de su agilidad para cambiar.

Es así como surge el concepto de agilidad organizacional, la cual podría ser entendida como la capacidad de identificar aquellos cambios internos o externos que demanda el mercado, implementándolos de forma rápida y eficiente, sin afectar el desempeño o rendimiento de la organización, donde el objetivo final no es responder de forma reactiva, sino al contrario, que se convierta en una práctica habitual de la empresa (Worley y Lawler, 2010).

Según un estudio llevado a cabo por la Economist Intelligence Unit (EIU) en el 2009, cerca del 90% de los 349 ejecutivos encuestados a nivel mundial, señalan que la agilidad organizacional es un tema de suma importancia, convirtiéndose en un factor diferenciador entre la competencia.

Sin embargo, el 27% de ellos considera que sus organizaciones no cuentan con la agilidad necesaria para anticiparse y enfrentar al mercado, considerándose que varios factores internos son los que finalmente obstaculizan los procesos de cambio, como la lentitud en la toma de decisiones, conflictos de interés entre distintos departamentos, culturas organizacionales poco orientadas al riesgo, entre otras cosas.

En una nueva aplicación de este estudio en el 2014, pero enfocado sólo a empresas del viejo continente, se pudieron observar resultados distintos, donde sólo el 46% de los encuestados consideran extremamente importante o importante el tema de la agilidad y la rapidez.

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Sumado a esto, el 42% considera que en los próximos 3 años no ocurrirán grandes cambios tecnológicos, razón por la cual los investigadores hicieron una revisión del estado del arte, consiguiendo que tanto expertos en el tema, como documentos elaborados por el Foro Económico Mundial, muestran que las empresas europeas le siguen la pista a sus pares en Estados Unidos, Canadá y Japón; que todavía no se avizora una desaceleración del ritmo cambiante de la tecnología y que la globalización como proceso no se esta enlenteciendo, lo cual lleva a los investigadores a concluir que estos resultados mostrarían una confianza desproporcionada sobre el futuro, que finalmente colocaría a estas empresas en una posición de vulnerabilidad.

En este sentido, como dato llamativo, el estudio muestra que aquellas empresas que no valoran tan importante la agilidad, se consideran muy rápidas, y ven a sus competidores muy lentos, lo cual puede ser cierto hasta cierto punto, en determinados procesos o departamentos, pero esta confianza puede ser nociva para el futuro de la organización. Un claro ejemplo de esta situación, lo podemos ver en el caso de Blackberry, empresa líder a nivel mundial, con una gran fortaleza a nivel de software y que no logró visionar la importancia de evolucionar a la par en el hardware de sus dispositivos, llevándola a perder la posición que ocupaba en el mercado.

Esta información nos permite tener una visión panorámica de la importancia de la agilidad, y del conjunto de dimensiones que integra, es por ello que autores como Attafar, Shaemi, y Radmehr (2013), han encontrado relación entre el grado de madurez organizacional y la agilidad organizacional, reportando cómo el impacto que se logre a nivel de personas, procesos y tecnología, permitirá mejorar los niveles de agilidad y respuesta de las organizaciones.